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ResourcesVoces | Voci | Voix - Volume IV - Spring 2009 Narrative En una noche fatídica del seis de julio de 1936, nació un niño en New Haven, Connecticut. Su madre y su padre estaban eufóricos. Ellos decidieron que el niño se llamaría Jorge, en honor a su padre. No tenían ninguna idea de que su hijo cambiaría el curso de la historia. Sin embargo, alguien lo sabía. Muy alto en el paraíso, Dios estaba exasperado. — ¿Por qué estoy a favor de la vida? ¡De todos los niños que el Planned Parenthood no previno —se quejó— este niño le hará daño al mundo! Jorge tuvo una niñez muy feliz. Asistió a escuelas privadas durante su educación primaria y secundaria. Se graduó de Yale en 1968, piloteó aviones en la Guardia Nacional por un tiempo, y obtuvo un MBA de Harvard en 1978. Los ángeles en el cielo se estaban divirtiendo. — ¡Qué sorpresa! No pensaba que pudiera hacerlo pero lo hizo en realidad... y sin señales. ¡Es un milagro! — ¡Oye! No fui yo. ¡Lo juro!— dijo Dios, pareciendo desconcertado. María dio un golpecito en el hombro de Dios. —Eso no cambia el hecho de que Jorge hará daño al mundo. — ¡Jesucristo!—gritó Dios. — ¿Sí?—dijo Jesucristo. — ¡Tú no!—dijo Dios—. ¡Tú estás interrumpiendo el cuento! —Ese niño será un desastre—suspiró María. Jorge probó muchas cosas. Trabajó en una campaña del senado y en la campaña presidencial de su padre. Ganó dinero con una compañía petrolera y compró un equipo de béisbol. Fue elegido gobernador de Tejas en 1994. Muy aburrido, ¿no? Cuando fue gobernador, Jorge redujo los impuestos, permitió que las personas llevaran fusiles escondidos y dieran dinero público a grupos religiosos. Cuando Gabriel le dijo a Dios lo que Jorge estaba haciendo, Dios se puso furioso. — ¿¡QUÉ!? ¿Quién piensas tú que le dio a Thomas Jefferson la idea de que había un 'Muro de Separación' en primer lugar? ¡YO! Yo nunca quería que estas personas religiosas entraran en el mundo político, y que estos políticos interfirieran con la religión. Otra vez, María suspiró. —Dios, nosotros sabemos que los humanos siempre se olvidan que mostrar amor a otras personas es la parte más importante. ¿Qué estabas esperando? Solamente son humanos. En el 2000, Jorge aceptó el nombramiento republicano para Presidente de los Estados Unidos. — ¡Madre de Dios!— gritó Dios. — ¿Sí?—dijo María. — ¡Tú no!—dijo Dios—. ¡Tú estás interrumpiendo el cuento! No me digas que estoy interrumpiendo porque TÚ eres la fuerza omnipotente que estás irritado.— Por frustración, Dios tiró un relámpago invisible a la tierra. Había pensado golpear Tejas, pero estornudó y golpeó Florida en su lugar. Como resultado, el vicepresidente Al Gore perdió Florida y la elección. El día de la inauguración, María estaba sentada en una nube, llorando suavemente. Gabriel le preguntó qué le ponía triste. —Hará daño a las personas—sollozó ella. Jorge no hizo mucho hasta el 11 de septiembre de 2001. Después de ese día, saltó a la acción, pero en una dirección equivocada. Invadió Afganistán, hizo ataques inauditos a las libertades individuales, destruyó la intimidad personal y causó un déficit presupuestario inmenso. Entonces, Jorge invadió Iraq. Dios se puso furioso. — ¿¡Por qué!? ¿¡Por QUÉ!? ¿¡POR QUÉ!? ¡Él es un idiota! —¿Ahora te das cuenta de esto?—dijo María. Ella miró hacia abajo desde el cielo. —Tú sabes que no podemos entrometernos en nada allá. De otro modo, estaríamos revelándonos otra vez, y prometimos que no haríamos eso. —Quisiera hacerlo—dijo Dios—pero cumpliré mis promesas. Nosotros no intervendremos. Resistir es difícil cuando sé que Jorge causará tanto sufrimiento. Los siete años próximos fueron terribles. Muchas personas inocentes fueron matadas por la guerra. Muchas personas viejas y jóvenes no tenían seguro médico. Algunas escuelas no funcionaron, y el gobierno las penalizó por fracasar. Los escándalos sacudieron las bases del gobierno: el Departamento de Justicia, CPB, EPA, FBI, CIA, NSA y el Pentágono. La gente dejó de creer en su gobierno. La economía empezó a fallar. El futuro no parecía tan brillante como en el pasado. Todos sabían que algo, muchas cosas, casi todo había salido terriblemente mal. Dios, Gabriel, Jesucristo y María miraron hacia abajo desde una nube. —Necesitan ayuda—dijo Dios. —Necesitan un líder—dijo Gabriel. —Necesitan esperanza—dijo Jesucristo. — ¡MIREN!—dijo María. — ¿Qué?—preguntó Dios. Todos los querubines y serafines se acercaron. ¿Qué puede ayudar al mundo a volver al camino correcto?—se preguntaron. Un hombre que se llama Barack estaba dando un discurso. Un grito de— ¡SÍ, SE PUEDE!—llegó a sus orejas divinas. — ¡Éste es el modo! dijo Dios. — ¿Qué?—preguntó el espíritu santo. —¡¡¡TÚ NO!!!—dijo Dios bruscamente. —Tenemos que esperar y ver lo que pasa—murmuró María. —Solo podemos esperar que él permanezca fiel a sus valores. —Pienso que puede—dijo Gabriel. —Solo el tiempo lo puede decir—dijo Dios. Es cierto, el tiempo lo dirá. William Carpenter
Nosotros viajamos a Zimbabwe desde Sudáfrica. El avión solamente tenía cuatro asientos. De hecho, mi papá necesitó viajar en el asiento del copiloto (no teníamos copiloto). El avión aterrizó en una pista de aterrizaje llena de suciedad, no había luces ni empleados del aeropuerto. Me di cuenta de que estábamos muy lejos de la vida urbana. Conocimos a nuestro guía que se llamaba Nick, quien tenía cerca de treinta años y era menos alto que mi papá. Entramos en su coche, un Jeep que no tenía techo. ¡El Jeep tenía abolladuras y no se podía ver nada de pintura; pienso que era más viejo que nuestro guía! De repente, estábamos manejando por la selva y nuestros temores se vieron confirmados. Vimos a una elefanta con su cría que estaba muy enojada. Ella empezó a correr, entonces Nick empezó a acelerar. Parecía un tren, y me di cuenta de que si nos alcanzaba, moriríamos. Nick conducía el coche por la tierra con gracia y nosotros nos distanciamos de la elefanta. Mi mamá estaba muy asustada; sus pupilas estaban dilatadas como un abismo. Cuando los ánimos se relajaron, Nick nos dijo que erámos muy afortunados porque las elefantas son muy rápidas. El resto de las vacaciones, nosotros encontramos muchos animales. Vimos un león que parecía tener una piel de oro. Los sonidos de África eran diferentes del resto del mundo. Yo podía entender el poder de los animales, y entonces supe que, en África, el león es el rey. Jason Clain C'était un jour avant le début de ma dernière année d'éducation au lycée américain, « Brooks School ». Ce lycée est situé à North Andover, Massachussetts, près de Boston. En ce moment, j'étais à Londres, faisant mes valises en vue de mon vol pour Boston le lendemain. Puisque je prends beaucoup de temps quand je fais mes valises, j'ai toujours assez de temps pour penser aux choses. En ce moment là, je pensais au lendemain. Le lendemain, je retournerais à Brooks pour ma dernière année, et je retournerais pour mon plus difficile début d'une année scolaire. Pourquoi est-ce que je pensais que cela devrait être mon plus difficile début? Parce que cette année-là, j'allais essayé de devenir membre de la première équipe de foot de Brooks. J'avais peur de cela, parce j'avais eu des nouvelles des amis dont le processus de devenir membre de la première équipe de foot était brutal. C'était brutal physiquement et mentalement. J'aimais le foot beaucoup plus que tous les autres sports, mais j'avais peur de ne pas être capable de devenir membre et d'être déçu. Quand j'ai échappé à mes pensées, je me suis rendu compte que j'avais fini de faire mes valises. J'ai sauté sur mon lit et peu après je dormais à poings fermés, avec des centaines de pensées pénibles dans mon esprit. La pensée la plus frappante était que le processus devrait être un défi formidable.
Pour le reste des entraînements pendant la semaine, j'ai essayé de compenser pour l'incident du premier jour, mais ce n'était pas si facile. De plus, je n'étais pas prêt pour tous les travaux physiques que nous avons dû faire. Tous mes amis, qui étaient plus en forme que moi, m'ont soutenu beaucoup et j'étais très content de cela. Le dernier jour, l'entraineur a rassemblé tous les garçons et leur a dit qu'ils étaient devenus membres de l'équipe. Malheureusement, je ne suis pas devenu membre de la première équipe de Brooks, mais aujourd'hui je ne suis plus triste. Je me suis rendu compte que j'ai accompli ce défi formidable parce que, pour moi, le défi n'était pas vraiment de devenir membre de l'équipe...le vrai défi était d'y arriver à la fin fin du processus comme tous les autres garçons. Il y avait beaucoup d'autres garçons qui avaient peur d'essayer de devenir membre de l'équipe parce qu'ils avaient très peur de ce processus. Mais j'ai vaincu la peur, et aujourd'hui, je suis très fier de ce moment de ma vie. Emmanuel Dike-Udensi Manuel: ¡Cómo me echó! Nunca pensé que me dijera, "Lo siento, pero ya no puedes trabajar para mí". Yo trabajaba duro, con lealtad y respeto por mis colegas y, especialmente, mi jefe. Por quince años, le serví, faxeando, copiando, y mandando correos electrónicos. ¡Era el mejor secretario del mundo! Pero mi jefe no me apreciaba. Si el teléfono sonaba, me decía, "¡Contéstalo!". Si había papeles en su escritorio, me decía, "¡Archívalos!". Si él tenía hambre, me decía, "¡Prepárame un sándwich!". ¡Qué holgazán! Todos los días, me confesaba que creía que yo no era un buen trabajador. "No trabajas duro", me decía, "No entiendes direcciones", me decía, y "Sólo trabajas para mí porque eres mi hermano y no te quiero dejar en la calle", me decía. Sin embargo, todavía creo que quiere mi ayuda y mi presencia en la oficina. ¿Es posible que el jefe de mi hermano le haya pedido que me eche? Sí, ésa es la explicación verdadera. Quizás, él pensó que yo le quería robar su posición en la compañía. Por otro lado es cierto que mi hermano siempre me recomendaba que encontrara un nuevo trabajo. ¡Por supuesto! Él quería que me diera cuenta de mi potencial y buscara un trabajo como abogado o científico. No tengo que ser secretario nada más. ¡Gracias, hermano, gracias! Tengo una buena idea: voy a ser actor. No obstante, no solamente seré actor. Seré un actor fantástico como Robert DeNiro, Denzel Washington, Jack Nicholson o Jim Carrey. Y cuando reciba un Oscar, en mi discurso, recordaré de darle las gracias a mi antiguo jefe, mi hermano, Julio. "Julio", diré, "gracias por echarme hace muchos años. Sin ti, no estaría aquí hoy. Gracias por darte cuenta de mi potencial y animarme". ¡Qué buen hermano! ¡Espera! ¿Qué dije? No tengo la experiencia necesaria para ser actor. No, no, no. Es ridículo. ¡Voy a ser un médico! Operaré a personas enfermas, ayudaré a los niños y a los viejos, y estudiaré el cáncer y otras enfermedades. Mi hermano está ayudándome y está ayudando al mundo porque yo salvaré a muchas personas. ¡Qué santo! ¡Qué héroe! Sí, mi hermano el héroe. (Rin, rin.) Hola... Hola, Julio... Sí, estoy bien... En realidad, creo que voy a ser médico... Sí, un médico... No, no estoy mintiendo... Es cierto que no entiendo nada de ser médico...Sí, pero... Sí, pero... Vale. Dices la verdad... Sin embargo, voy a lograr mis metas y trabajar muy duro... ¿Cómo?... Está bien... Te veo mañana. Yo sabía que él me daría trabajo una vez más. Zach Drucker Rodrigo y Gabriela intentaban planear una vacación muy especial. Vivían juntos en un barrio exclusivamente latino de Texas y ninguno de ellos había salido de los EEUU. Además ninguno había viajado por avión. Por estas razones y otras la vacación iba a ser un viaje muy memorable para los dos. Primero, los esposos contactaron a un agente de viajes para determinar adónde iban a viajar. El agente, Ramón, les trató de dar unos folletos de lugares potenciales pero ni Rodrigo ni Gabriela habían aprendido a leer. Por esto, Ramón les mostró unas fotos y describió los lugares en voz alta. Después de una pequeña discusión, Rodrigo y Gabriela decidieron viajar a Chile. Les gustaban las montañas altas y hermosas, los bosques densos y la costa larga y azul que ofrecía Chile. Decidieron que iban a ir la próxima semana. Durante los siguientes días, los dos pasaron mucho tiempo planeando todo y empacando las maletas. Todas las preparaciones estaban hechas. Habían reservado un cuarto en el Hotel Santiago y encontraron varios restaurantes y lugares turísticos. Por fin, el día antes de irse decidieron que estaban listos y se acostaron muy entusiasmados para el día próximo. El día después, se levantaron muy temprano y llegaron al aeropuerto. Con sus tres maletas, hicieron cola para comprar billetes. La sala era muy pequeña y ruidosa. Había muchos niños gritando y jugando, pero no molestaron mucho a Rodrigo y Gabriela. Por fin les tocó a ellos comprar los billetes. La empleada era una mujer vieja y antipática. Rodrigo tuvo que gritar: "¡Queremos dos billetes para Chile, por favor!". Él no estaba seguro de que la mujer lo hubiera oído. "¿Están seguros?" les preguntó ella. Rodrigo respondió afirmativamente y después de un momento ella dio a unos botones en su computadora e imprimió dos billetes. Rodrigo tomó los billetes y le preguntó a la empleada dónde debían ir. Ella señaló una línea en su billete y respondió; "mire aquí, su avión sale de la puerta 3". Rodrigo y Gabriela tomaron sus cosas y fueron para la puerta 3. Tenían mucho tiempo para caminar y explorar el aeropuerto. Compraron gafas de sol y crema protectora para usar en las playas de Chile. Después de una hora y media, una azafata anunció que los pasajeros podían abordar el avión. Rodrigo y Gabriela hicieron cola, dieron sus billetes a la azafata, y con una sonrisa les permitió entrar. El avión era grande y cómodo, y Rodrigo y Gabriela se sentaron en unos asientos al lado de la ventana. Otra azafata leyó las instrucciones de emergencia y por fin estaban listos para despegar. El viaje era muy largo; pasaron mucho tiempo en el aire. Rodrigo y Gabriela vieron muchas nubes pero también el océano puro y unas islas bonitas abajo. Al pasar sobre el continente por la costa, los dos vieron ciudades muy grandes y modernas. Nunca habían visto en ninguna parte una naturaleza tan bonita como la que parecía que iba a tener Chile. Al aterrizar, se levantaron y estiraron. El piloto dijo por el micrófono, "Ojalá que hayan disfrutado del viaje. Bienvenidos a CHINA". Marc Finder Un episodio della mia infanzia Una volta, credo di avere avuto dieci anni, la mia famiglia ed io eravamo a casa di mia nonna a New York per il giorno del Ringraziamento. C'erano tutti i miei familiari, e normalmente ognuno si occupava di varie faccende affinché mia nonna non facesse tutto da sola. Era di sera e la mia mamma stava preparando la cena con le mie zie e mia nonna, mentre il mio papá era uscito per comprare quello di cui avevamo bisogno a casa. I miei due zii pulivano la casa. I miei cugini, che sono stati sempre pigrissimi, stavano guardando, mezzo addormentati, i cartoni animati alla tv! Ossia tutti facevamo qualcosa, anche se poco utile, e ognuno era occupato. La mia mamma aveva chiesto a mia sorella e a me di darle una mano. Questa volta, la mia sorellina ed io ci occupavamo di portare le sedie su dalla cantina prima che arrivassero gli ospiti. Poiché avevamo paura del buio avevamo portato il cane con noi. Abbiamo portato su una o due sedie alla volta, perché erano molto pesanti per bambini di 9 e10 anni.. Dovevamo portarne almeno 30 perché venivano sempre molti familiari e amici di mia nonna alla cena di Ringraziamento a casa sua. Quindi siamo scesi di nuovo in cantina per prendere più sedie. La cantina era spaziosa, buia, e senza porte, ma ce ne era una che dava su uno stanzino enorme in cui mia nonna teneva molte cose inutili incluse delle sedie per le feste. All'entrata dello stanzino c'era una porta gigantesca, grossa, che qualche volta si chiudeva da sola. Siamo entrati nello stanzino, io, la mia sorellina ed il cane, per prendere altre due o tre sedie. Mentre uscivamo, ci siamo accorti che la porta si era chiusa. Ho provato ad aprirla, ma eravamo chiusi dentro allo stanzino. Ho detto alla mia sorellina che non potevo aprirla e lei ha lasciato cadere le sedie e ha incominciato a piangere con il cane in braccio. Mi è venuto il panico, ho cominciato a sbattere la porta e a gridare, però la porta era troppo grossa e credevo che non ci sentisse nessuno. Dopo 10 minuti interminabili, si è aperta la porta e ho visto il cameriere della compagnia di catering di mia nonna che era appena arrivato a casa. Mi ha detto che aveva sentito un rumore e che era sceso per scoprire cosa era. Io, mia sorella ed il cane siamo saliti su in fretta, e siamo corsi dalla nostra mamma perché ci confortasse. Adesso ogni volta che vado nello stanzino, mi assicuro che la porta rimanga sempre aperta! Todd Rizley Quando ero piccola, ero una bambina molto tranquilla. Amavo leggere, e salivo sempre su un albero per leggere da sola. I miei genitori dicevano, 'Alec! Va' al parco con le tue sorelle!', ma non ascoltavo. Mi piacevano le storie romantiche e i gialli. Leggevo i romanzi di Agatha Christie, un'autrice di gialli, e Gone with the Wind, una storia molto romantica. L'autrice era Margaret Mitchell. Giocavo anche con le mie sorelle, Lauren e Elizabeth. Immaginavamo di essere principesse e regine, o i personaggi dei film di Disney. Per l'estate, la mia famiglia viaggiava in Irlanda e soggiornavamo in una bella casa grande. La casa si chiamava Doreen, e aveva giardini molto belli e un campo da tennis. Io e le mie sorelle esploravamo i giardini e giocavamo a tennis (ma non eravamo brave giocatrici). Andavamo anche al paese vicino in macchina. Si chiamava Kenmare. Noi facevamo le spese, compravamo i ricordi per i nostri amici, e mangiavamo molti spuntini. Quando pioveva, molte pozzanghere grandi apparivano sul prato. Lauren ed io correvamo dentro le pozzanghere e sporcavamo i nostri vestiti. Elizabeth era troppo giovane, e nostra madre non le permetteva di giocare con noi. Quando ero bambina, prima della nascita di Elizabeth, la mia famiglia ed io abitavamo a San Francisco, California. Quando avevamo tempo libero, andavamo in macchina in campagna e andavamo a trovare i miei nonni. Pranzavamo con loro, e io e mia sorella nuotavamo nella loro piscina mentre gli adulti parlavano. Tardi nel pomeriggio, il nostro papà portava tutti noi – mia madre, Lauren, ed io – a casa. Lauren ed io avevamo molto sonno, e dormivamo già nella macchina. Alec Schilling
Avevano perso la loro nave, ma ancora dovevano andare via dalla Russia. Decisero di andare all'ovest attraverso l'Europa. Non fu un viaggio facile, soprattutto perché i miei trisavoli avevano sette bambini, alcuni molto piccoli. Viaggiarono attraverso molti paesi per molti mesi; non era facile trovare una nave che li portasse in America. Finalmente, poterono comprare i biglietti per una nave che andava in Canada. Fu un lungo viaggio, ma ce la fecero. Dopo che ebbero lasciato la Russia, viaggiarono per più di cinquemila miglia. Rimasero con una famiglia canadese, ma volevano ancora andare in America. Prima di farlo, dovettero andare all'ufficio immigrazione. Questo era un grande problema perché due dei bambini erano malati e le persone malate non potevano entrare negli Stati Uniti. Così, quando i miei trisavoli andarono all'ufficio immigrazione i bambini malati rimasero a casa e due bambini della famiglia canadese andarono al loro posto. L'ufficio immigrazione non seppe mai che i miei parenti erano malati e diede il permesso di andare in America ai miei trisavoli. Finalmente, dopo avere viaggiato innumerevoli miglia per molti mesi, arrivarono in America. Bradley Starr Un jour, j'ai décidé que je ne pouvais pas me passer de gâteau au chocolat. Parce que je n'avais pas de sucre, je suis allée au marché pour en acheter. Après avoir quitté le marché, je me promenais sur le trottoir quand je me suis rendu compte que j'avais oublié la farine. Donc, j'ai dû retourner, et parce que je n'avais pas beaucoup de temps, je me suis dépêchée un peu, et je n'ai pas regardé la rue pour voir les voitures. Comme je traversais la rue, j'ai vu une petite voiture verte, qui ne s'est pas arrêtée... Quand je me suis réveillée, je n'avais aucune idée de ce qui s'était passé. En regardant la chambre où j'étais allongée sur un lit, j'ai vu environ dix personnes, qui étaient toutes assises; je me suis demandé pourquoi elles étaient là, parce que je ne connaissais personne. Tout d'un coup, tout le monde a essayé de me parler. Je me suis étonnée, et j'étais éblouie par le bruit et la confusion, je n'ai pas pu répondre. Les gens se sont disputés entre eux, et je me suis tue. Je voulais m'échapper, mais il n'y avait aucune façon de m'en aller. Un petit garçon s'est dirigé vers mon lit. Il pleurait, et personne ne l'aidait. Il était clair qu'ils ne s'entendaient pas parce qu'ils criaient encore. Personne ne s'est aperçu que le garçon s'était approché de mon lit. Il m'a demandé, "Maman m'a dit que tu ne te rappelles rien. Mais tu te souviens de moi, non?" Je ne savais pas quoi dire. Donc, j'ai deviné et j'ai répondu, "Bien sûr, mon petit, tu es mon cousin favori." Il m'a regardé d'une façon perplexe, et je me suis rendu compte que je m'étais trompée. Je commençais à me sentir coupable quand il m'a mordu; tout d'un coup, mes sentiments de remords se sont évaporés. Je me suis vraiment fâchée, et j'ai hurlé jusqu'à ce que les gens s'arrêtent de parler. Je leur ai dit, "Je m'excuse, mais je n'ai aucune idée de qui vous êtes. Peut-être que quelqu'un peut m'expliquer ce qui s'est passé. Sinon, je voudrais que vous partiez, parce que je ne peux pas m'habituer à votre bruit." J'ai attendu une réponse pendant une minute; ils me regardaient simplement, étonnés. Leur silence me gênait, et je m'ennuyais. J'étais fatiguée, et je n'étais pas assez forte pour me battre avec eux. Je craignais qu'ils ne répondent jamais. Finalement, une femme s'est mise à parler: "Nous sommes vraiment désolés. Nous allons nous éfforcer d'être plus polis. Il est difficile de comprendre que tu ne te souviens pas de nous." Elle a marqué une pause, bouleversée. Les autres avaient l'air triste aussi. Je m'en suis voulu d'avoir hurlé. Elle a fouillé dans son sac, et elle a trouvé un récipient, qu'elle m'a donné. "Je t'ai apporté une part de gâteau; c'est au chocolat, ton favori." C'est à ce moment-là que je me suis souvenue qu'elle était ma mère, que les autres étaient ma famille, que j'aimais le gâteau au chocolat; j'ai souri, et j'ai demandé si quelqu'un avait de la farine. Maura Sunkel Era arrivata una mattina e, al primo sguardo, non mi ero accorta di niente. Pareva una lettera comune, bianca e discreta. Visto che non era manoscritta, avevo presunto che si trattasse di bollette e avevo intenzione di lasciarla per mio marito che gestiva le scartoffie. Però, rendendomi conto che era indirizzata a me personalmente, la curiosità mi spinse ad aprirla subito. Era corta e concisa, perfettamente chiara. In poche parole, qualcuno aveva fissato sulla carta quello che io, da mesi, mi ero rifiutata di ammettere. Da qualche tempo, mio marito non era più lo stesso. Lui che di solito era malinconico e distante si faceva premuroso. Usciva più spesso ma quando era a casa, scherzava molto, aiutava a fare le faccende domestiche ed era più presente per me e per i bambini. All' inizio, avevo creduto che si potesse trattare di un risveglio del nostro amore. Eravamo insieme da ventidue anni, ma il nostro amore era diventato, da tanto tempo ormai, tenerezza e abitudine. Volevo credere a una nuova partenza di cui io fossi l'unica ragione ma, in fondo, non riuscivo a crederci. Ma dopo qualche mese, il suo eccessivo entusiasmo a casa non bastò più a nascondere il fatto che lui era più spesso assente, per delle ragioni che non potevono sinceramente soddisfarmi. E poi lui non era mai stato buono a mentirmi. Io lo conoscevo troppo bene. Per me, l'unica spiegazione del suo cambiamento di comportamento era una relazione amorosa clandestina. Accettare questo fatto fu doloroso ma scelsi di ammetterlo e di continuare a vivere come se niente fosse successo. Era vigliacco, ma era comodo. In realtà, da quando questa relazione clandestina era cominciata, mio marito era stato più presente per me e per la sua famiglia. Si sentiva tanto colpevole di mentirmi che faceva tutto per farsi perdonare le sue assenze. A dire la verità, io ero più soddisfatta della nostra relazione com'era ora che durante gli ultimi dieci anni del nostro matrimonio. Sicuramente avrei preferito che gli bastassi da sola, un po' anche per orgoglio, ma avevo smesso di illudermi da anni e questa situazione, segreta, senza dramma, era insomma un buon compromesso per la nostra famiglia. Non sembrava voler allontanarsi definitivamente o pensare al divorzio e questo mi bastava. Questa lettera non minacciava di svelare la realtà a nessun altro ma significava che qualcuno sapeva tutto; tutto di loro, di noi, della mia situazione. Questa persona aveva avuto compassione per me. Pensava che io fossi troppo cieca o ingenua per vedere la realtà. Voleva solamente aiutarmi. Non immaginava che io stessa avessi potuto scegliere di non vedere, di essere tradita consapevolmente. Quella lettera faceva di me una vittima, qualcosa che, da mesi, ero riuscita a convincermi che non ero. Ormai non potevo più fare finta. Se quella persona lo sapeva, quanti altri ce n'erano a provare pena per me o a prendermi in giro? Quella lettera anonima mi vietava di continuare ad essere la vittima consenziente della mia propria vita. Carole Vachet Back to Voces | Voci | Voix - Spring 2009 index. |
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