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Voces - Volume I - Spring 2006
Descriptive Essays
Nuestra isla, por la noche joven
Aunque no había mucha distancia entre las islas pequeñas, la nuestra guardaba su
propia intimidad. Sólo podíamos ver las otras, que eran como grandes bestias durmiendo
en la oscuridad, a causa de los faros que advertían su existencia a naves que
pasaban. En la distancia, la luz titilando de la ciudad vibrante trataba de
ajustarse al sol, que había desaparecido detrás de los rascacielos y edificios
grandísimos sólo hace unas horas con una procesión de colores indescriptibles
pero hermosos por lo menos. Esta luz daba saltos por la superficie brillante
del agua negra, decorada con el diseño hecho por las alas, dejando un rastro de
diamantes centelleantes pero artificiales. Una brisa pícara la seguía – o
trataba, sin tener mucha suerte – llegando en intervalos erráticos, llevando los
sonidos y olores dulces de la noche joven. El aire estaba frío encima del
muelle donde estábamos, con los postes grandes que estaban sumergidos en la
profundidad del océano, marcados por la sal y las plantas acuáticas. Un cielo
impresionante extendía arriba, hasta que el mar indiferente lo tragaba donde los
dos se juntaban en el horizonte invisible. Estrellas magníficas, de mitos
eternos, que sólo habían empezado a aparecer, ya se desvanecían en el resplandor
de las luces de la ciudad que se filtraba por la oscuridad del cielo.
Un barco grande, lleno de personas alegres y bulliciosas, nos pasaba lentamente con
los graves profundos y fuertes que resonaban en los tablones de madera en que nos sentaban
y que los ponían a vibrar. Pero había un sonido más fuerte que el del barco de
fiesta, y cuando la música había ido, llenaba la noche; llegaba desde nuestra
isla, desde la vegetación espesa que estaba por el centro de la isla. Los
insectos y animals de la noche que vivían allí cantaron a las estrellas una
canción bellíssima y llena de esperanza. Sólo podíamos ver la oscuridad donde
la playa pequeña terminaba y los árboles bajos empezaban. La playa, iluminada
por el brillo de la luna pura, rodeaba toda la isla. En ciertos lugares
constaba de una arena salpicada con pedazos de conchas de mar, de azúl y perla;
con tablas que habían flotado por las olas que se arrastraban hasta la playa,
que sobresalían como esqueletos incómodos; con el vidrio roto de botellas
marrones y verdes, alisado por su viaje desde el mar hasta esta isla. El resto
de la playa era desparramado con rocas grandes, que protegían nuestra isla de la
furia del mar y del viento. A unos cien metros del muelle, unos campistas como
nosotros habían hecho una hoguera en un hoyo rodeado de rocas pequeñas. Usaban
las tablas que encontraron en la playa para encenderla; ahora ardía con vida,
iluminando las caras con una luz amarilla y caliente.
Regresábamos a nuestro camping por las sendas poco definidas y poco iluminadas que
nos llevaron desde el corazón de la isla. Por fin llegábamos a nuestro claro,
nuestro sitio de camping, y nos echábamos por la hierba áspera y poníamos nuestra
mirada otra vez en el cielo y en las estrellas. Por un fugaz momento pensábamos
que habíamos visto a un meteorito, pero poco después nos dímos cuenta de que sólo
fue un insecto destallando arriba de nuestras cabezas. La paz de la isla
somnolienta y de la noche espesa nos rodeaba y nos poníamos en los sueños.
Julia Leverone
Español 21
Mi paraíso
Aquí, todos son madrugadores. El viento dominante del
norte no espera por nadie. Es la mitad de julio y al fondo los pájaros están
charlando en cantos majestuosos y un perro ladra como loco. El aire fresco y
ligero se ha sentado encima de la bahía. A falta de las nubes, el cielo es un
azul brillante, como si hubiera sido pintado por un artista. El sol acaba de
llegar pero la luz deslumbra y el agua tranquila refleja el fulgor como un
espejo. No es mi residencia permanente, pero durante el verano en mi velero yo
paso casi tanto tiempo como en casa.
La cabaña pequeña está a la derecha de la casa del club
náutico y tiene las provisiones y cosas que se necesitan para los barcos
pequeños. A la izquierda del edificio hay unas mesas que están situadas al lado
de la playa. De hecho, no es una playa, pero los doce metros de arena
desparramada con la alga marina sucia y las piedrecitas han sido una playa en mi
mente desde mi juventud. En el poste en medio del césped, el que está rodeado
de hierba verde intensa, hay dos banderas: la de los Estados Unidos y debajo de
esa, la del Club Náutico de la Bahía de Sodus. Vivas, valientes, y gloriosas,
las banderas ondean. Como dos dedos largos, la dársena oeste y la este se
extienden en el agua oscura.
El barco de vela de mi familia descansa cerca del fin de la dársena oeste. Cuando
las olas del mar se rompen, la espuma aparece y el barco se balancea de lado a lado.
Se puede oír el ruido de las banderas agitando, pero el sonido de las cuerdas
golpeando contra los mastiles es el más fuerte. El sonido metálico continuo
crea el ambiente ideal. Además, el viento silba cuando pasa por los mastiles
altísimos. Las velas están enrolladas para que el sol no les pueda hacer daño.
Ninguna de las muchas cuerdas están enredadas. A pesar de la edad del barco, la
cubierta es más blanca que nieve nueva. La única oscuridad es las sombras
delgadas y místicas.
Jonathan Mazumdar
Español 21
De tal palo, tal astilla
Las manos lo dicen todo. Cincuenta y cuatro años de
experiencia, de dificultades y de vida se manifiestan en las arrugas y los
movimientos de las manos. La manera en que ella pela una manzana con un
cuchillo, las venas que serpentean por la piel tan tersa como los anillos de
manzana que caen en el fregadero, acentúan su belleza y su fuerza personal; la
manera en que ella escribe con una pluma, los dedos largos y femeninos volando a
través de la página, subrayan su conocimiento y su experiencia.
Lo que dicen las manos es más entendible en el contexto
de su apariencia física. Aunque es baja y pequeña, no parece eso en realidad.
Las piernas gruesas y los brazos delgados sobresalen con músculos notables,
resultado de años de ejercicio y una indicación de que está llena de energía y
vida. Su piel es el color del café con leche, y esto también imparte un
resplandor saludable a su personalidad. No parece que tenga cincuenta y cuatro
años, sino treinta y cuatro años. Pero cuando habla, su voz demanda atención, y
uno no puede olvidar que no es una mujer joven e ingenua.
Sin embargo, la característica física más pronunciada es
la cara muy angular con pómulos altísimos, como la forma de un diamante. A causa
de los pómulos y la piel tersa, parece sumamente elegante y quizás levemente
exótica. Su pelo, largo, moreno y líquido con una insinuación de gris, como un
río oscuro, le añade a este efecto. Sus características faciales están
concentradas alrededor de los pómulos—la nariz esbelta, los ojos almendrados
detrás de sus gafas rectangulares y los labios que cubren la anchura de su cara
cuando ella sonríe, dirigen mis ojos a los pómulos, los mismos pómulos de mi
madre que algunas personas ven en mi propia cara. No los veo personalmente, pero
supongo que, como dice el dicho: de tal palo, tal astilla.
Jennifer Cho
Español 22
Olin
Está de pie solo en un lugar donde nadie puede equivocarlo. Por las ventanas yo
puedo mirar a los estudiantes, algunos están aburridos con expresiones blancas
pero otros están hablando con sus profesores. Es como todos los otros edificios
pero para mí Olin me causa otro sentimiento.
Cuando yo entro a Olin el odio empieza a vencer en mi cuerpo. Toda mi vida yo estaba
temerosa de la clase de español. Esto es resultado de muchas clases de español
donde yo no entendía mucho de lo que el profesor me decía. En todas mis clases
de español yo estaba confundida y necesitaba más tiempo para entender. El
sentimiento de confusión y apresuramiento me agobia cuando pienso en la clase.
Por eso el edificio de Olin me da mucho temor.
Yo camino en los vestíbulos vacíos. Un minuto están sin una persona y el próximo
minuto están activos con estudiantes como hormigas que están polulando con un pedazo de
comida. Es como si ocurriera un milagro. Las personas están ocupadas con sus
libros y sus teléfonos.
Ellos hablan idiomas diferentes. No puedo entender mucho y el odio aumenta.
Es como una representación del mundo con todos los países y las culturas diferentes.
Caminar en Olin es una experiencia que no puedo encontrar en otro lugar. Es
como si estuviera en todos los países del mundo al mismo tiempo. Todas las
personas forman un laberinto que necesito atravesar. Yo sé que el tiempo para mi
clase llega pronto y bajo las escaleras al sótano del edificio como un preso que
va al calabozo.
Hay muchos estudiantes que están sentados en los vestíbulos esperando la hora cuando
sus clases comenzarán. Algunas personas están durmiendo con sus ojos abiertos
mientras esperan. Todas entran en la sala para sus clases. En salas
uniformes. Todos los estudiantes tienen las mismas expresiones. Todas las
salas tienen las mismas sillas. Y todos usan los siguientes minutos para
aprender otro idioma. Pero yo estoy sola con mi temor.
Jessica Herrmann
Español 21
La cabaña en los árboles
Es a mediados de verano, en los árboles detrás de mi casa hay una cabaña que
construí. La cabaña en lo alto de un árbol es de madera marrón, y parece como un
refugio en el cielo. Cuando la miras, necesitas poner las manos delante de los ojos
para que el sol no te haga quedar ciego. Las aves construyen sus nidos amarillos para
sus pollitos en el tejado inclinado. Las ventanas limpias no tienen manchas así que
puedes ver su reflejo como en un lago pristino. El árbol es muy grande y viejo,
y tenía las cabañas de otros niños en el pasado. El interior es muy oscuro y
huele como una cosa húmeda y fría. Las avispas viven aquí y durante el día, te
picarán. Si abres la puerta de la cabaña, verás una nube enfadada amarilla y
negra. Los animales como las ardillas y los ratones corren en el tejado como si
fuera un patio de recreo. En algunos lugares, la madera del lado de la cabaña
está corroída y los ratones tienen una casa en la podre-dumbre, pero a pesar de
eso, la cabaña es muy bella, como un edificio en la naturaleza en un cuadro.
Como la cabaña está debajo de muchos árboles, hay hojas de colores diferentes en
el tejado. Las hojas mojadas huelen como moho, pero no es un olor malo porque es
parte de mi niñez, y cuando puedo olerlo, pienso de mi niñez despreocupada. La
escalera para subir a la cabaña tiene parras en sus peldaños. Las parras
silvestres son un recordatorio de la naturaleza de la que la cabaña depende.
Cuando estás de pie en la cabaña, puedes ver el bosque a lo lejos. La cabaña en
lo alto de un árbol es como el castillo del bosque. Si hubiera un rey, viviría
en la cabaña de los árboles.
Jeremy Price
Español 21
La charca
Como un oso grande que está emergiendo de la hibernación, el sol, previamente
inactivo, vuelve de su sopor de invierno otra vez. Reemplazando las nubes
negras que habían cubierto el paisaje durante el invierno, el cielo está llenoo de
los malvaviscos mullidos y blancos que están puestos a flote por el cielo azul. El
aire, tibio y empapado con el olor de las flores que son nuevamente brotadas,
flota sobre el agua turquesa de la charca escondida. Los árboles viejos que
están rodeando las riberas, completamente vestidos con hojas verdes y frescas,
se mueven de acá para allá en el viento tranquilo. El suelo que había sido una
tundra dura durante el invierno reciente se ha transformado en un paisaje
exuberante y verde que está rociado de flores brillantes. Estas flores, los
sobrevivientes afortunados del tiempo brutal que había experimentado durante los
meses pasados, están abriendo sus pétalos al mundo.
La primavera ha empezado y los animales grandes y pequeños salen de sus refugios
para empezar sus vidas una vez más. Un grupo de venados, como los príncipes
dignos de la naturaleza, corre por el bosque oscuro y llega al oasis remoto que
es la charca escondida. Al entrar, ellos se inclinan como si expresaran su
gratitud y empiezan a beber del agua fresco y suave. Al otro lado del agua, una
familia de conejos silenciosamente se mueve por las briznas puntiagudas. Sus
estómagos están gruñiendo a causa de la inadecuación de su dieta de invierno.
Ellos escudriñan el aire con sus narices que son como radares, buscando las
nueces y bayas que recientemente han sido creados por la tierra fértil. Encima
de la tierra, un águila grande sacude el último sentimiento de sueño de sus alas
poderosas y vuela de su percha de madera. El protector y sabio del bosque, vuela
elegantemente sobre la charca con sus garras que son tan agudas como navajas,
levemente rozando la parte superior del agua. A mano izquierda, el águila pasa
por alto las libélulas agraciadas, que han comido mosquitos felizmente todo el
día, compeliendo a las bailarinas elegantes del mundo de los insectos a correr
detrás de las hierbas altas.
Debajo del baño de la charca, una civilización escondida ha vuelto de su grieta
también. Los peces que recientemente han nacidos nadan tímidamente en pos de su madre
mientras una anguila viscosa serpentea por el agua. La mayoría de los peces son
pequeños y rápidos y están tratando de encontrar la comida sin convertirse en
comida. Los peces de quienes están escondiéndose son los robalos y las truchas
gigantescas. Son como los reyes del agua y nadan salvajemente, buscando alguna
cosa que remediará su hambre insaciable. En medio de la charca un gusano
ardiente baila un baile hipnótico, tentando a los peces hambrientos. Siguiendo
la soga de nailon del gusano a la superficie se revela el regulador del gusano.
Un muchacho ansiosamente busca una insinuación de actividad del abismo
subacuático. Su pelo moreno levemente oscurece los ojos azules y rasgados y la
frente ancha. Es alto y delgado y tiene una nariz bien perfilada. La piel lisa
es un color ámbar claro. Las manos y su camisa roja están cubiertas de tierra y
son recuerdos de sus aventuras que ha tenido cerca de la charca mágica. Cansado
a causa de los aromas dulces de la naturaleza, se recuesta en la hamaca
sustentadora de la ladera del cerro lujoso y se duerme.
Michael Stephens
Español 21
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